Recientemente, algo de todo eso me ha hecho pensar (filosofía
barata) en actitudes, comportamientos, sentimientos y reflexiones nuevas.
A este articulo lo denomino “Al atardecer de la vida” por la
canción creada por Cesáreo Gabaráin en la que habla de cómo me juzgarán del
amor, recapitulando sobre mi comportamiento en general durante la vida
transcurrida, si ofrecí pan al hambriento, di de beber al sediento, consuelo a
los tristes y enfermos y otros varios terminando este maravilloso poema con un
“si no tengo amor nada soy”.
De alguna manera he visto la noche oscura y cercana y he
reflexionado mucho sobre ello.
Voy a comenzar con que, si a una gallina le dicen
continuamente que es un pato, acabará haciendo cuá cuá pero, si a alguien le
dicen mayoritariamente que cojea es que es cojo. Aparentemente ambas
situaciones pueden parecer hechos similares y lo son en cuanto al origen
externo de los comentarios, pero son totalmente opuestos en la percepción, afección
y aceptación del individuo que los recibe.
La gallina representa a un ser vacío, sin criterio, sin
personalidad, a una pobre persona sin espíritu que se deja llevar por lo que
dicen sin más reacción y a disposición de cualquier manipulador que quiera
utilizarlo. Por el contrario, el cojo atiende a lo que le dicen, pero en lugar
de amilanarse, tomando conciencia de que es verdad que cojea reacciona asumiéndolo,
pero con espíritu de lucha para mejorar la cojera y “normalizar” su apariencia.
En adelante, en este articulo posiblemente me referiré más de una vez a los
“gallinas” y a los “cojos”.
No va a ser fácil conseguir plasmar en estas líneas las
pensadas que han pasado y están pasando por mi cabeza en estas semanas. Lo voy
a intentar. Aunque no de forma totalmente ortodoxa, voy a colocar las ideas
como si de una estantería se tratara, cada cosa en su lugar. Siempre desde mi
forma de verlas, quizás en algunos momentos demasiado particular.
Quiero hablar sobre el amor propio, la autoestima,
el ego, el narcisismo.
El narcisismo, por tratarse de una enfermedad, lo dejo
fuera de mis pensadas ya que siempre es aconsejable acudir a un profesional
para su tratamiento. Las relaciones con narcisistas siempre acaban siendo
tóxicas. Usan a los demás para validarse, necesitan constantemente la
admiración de los demás. Tienen muy poca empatía.
El amor propio y el ego son algo que van
implícitos en la categoría del ser humano, es decir, los tenemos todos.
Los niveles de conocimiento y aceptación (gallina o cojo) de
uno mismo son los que marcan las diferencias y, de alguna manera, nos conducen
por el camino a seguir.
En el amor propio podemos identificar componentes como
orgullo, prepotencia, chulería, cabezonería, apariencia, y otros más que, en
cualquier caso, considero que son modulables y rectificables en función de la
educación y los entornos en que nos hemos desarrollado a lo largo de nuestra
vida tanto personal como profesional. Posiblemente adquirimos el nivel de cada
componente según nos vamos aceptando, quizás por ello el amor propio es
bastante estable en la personalidad de una persona, “me cuido y me respeto”.
El autorreconocimiento es fundamental para saber si somos gallina o cojo, el conocimiento
de nuestras fortalezas y debilidades, el autocuidado y la aceptación. Al final
vale aquello de “me quiero, aunque no sea perfecto” o “nadie es
perfecto, pero quién quiere ser nadie”. Complicado.
El ego ha de valorarse por uno mismo en su justa
medida, “ni más ni menos que los demás”. Por el ego se llegan a
manifestar muchos rasgos de nuestra personalidad, buenos y malos, la egolatría,
el egoísmo, el altruismo y otras características que en definitiva son
consecuencia de un ego descontrolado en el que se permite la influencia
de factores externos de nuestro entorno. Está muy condicionado por el amor
propio, viene a ser la imagen que construyes de ti mismo hacia los demás para
sentirte importante o protegido, necesitas tener la razón, te defiendes cuando
te sientes atacado.
Tanto el amor propio como el ego podríamos
decir que se construyen como fruto de lo que creemos que nos ven los demás,
responden a inputs externos y así es como se manifiesta nuestra personalidad
hacia los demás. De ellos viene y a ellos vuelve, pasando por todo un proceso
interno de acomodación y construcción que no es precisamente fácil salvo que
nos de igual lo que piensen, pero al final estaremos decidiendo ser gallina o
cojo.
Con la manifestación de estas consideraciones es como
actuamos en las discusiones y en las tertulias entre amigos o familiares además
de relaciones profesionales si procede. Puedes alterarte o asentir y dar
conformidad a lo que digan los demás proponiendo tus propias ideas y criterios
o dejándolo pasar por no discutir.
Es muy frecuente que estos episodios se produzcan mucho por
diferencias de edad, problemas generacionales: los abuelos están pasados,
trasnochados y no saben, no dándose cuenta de que precisamente una generación supone
25 años de vida más y dos generaciones 50 años más, si no son tontos y
generalmente no lo son, saben bastante más de la vida que lo que se les otorga.
También pueden darse por problemas elitistas o de estatus:
Alguien del grupo se apropia de la verdad y el conocimiento queriendo sentar
cátedra, “yo sé de esto más”, “las cosas son así como digo yo”.
Esto también puede darse precisamente por egos mal construidos.
En cualquier caso, hay circunstancias que sientan
verdaderamente mal. Comentar una noticia publicada y que alguien se arrogue su
conocimiento como si los demás no leyéramos. Se plantean soluciones a un
problema tuyo al que le has dado mil vueltas y has valorado y medido las
diferentes opciones, pero ahora has de escuchar lo que has de hacer como si tu
estuvieras en belén con los pastores.
Para el final he dejado deliberadamente la autoestima.
Si el ego y el amor propio son consecuencia de factores externos
y para nuestra imagen exterior, la autoestima es precisamente lo más
tuyo propio para ti y contigo mismo. Viene a ser la valoración que haces de ti
mismo, cuanto se de mí, qué valía y capacidad sientes, confías en lo que puedes
hacer, aceptas críticas sin derrumbarte (cojo más que gallina). Tu autoestima
pasa básicamente por sentir respeto contigo mismo, estar satisfecho con los
logros alcanzados, el convencimiento de servir de algo, afrontar el devenir con
total entereza y confianza “sé de qué soy capaz”.
Si decíamos que el ego y el amor propio
respondían a circunstancias externas, la autoestima es solo de ti para
ti con pleno conocimiento y convencimiento. También es cierto que la autoestima
puede tener oscilaciones, menos estable que el amor propio.
Como resumen de estas pensadas creo que un amor propio
en su justa medida más la autoestima son primordiales para un equilibrio
emocional correcto. Un ego dominante será motivo de conflictos.
Bueno, doy por terminada ésta pensada, resumen de varias
pensadas y espero que al posible lector no lo haya liado más de la cuenta.
